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El premio Miguel Otero y Arce se otorga cada año a personas destacadas en la investigación en salud que revolucionando técnicas aportando beneficios a la sociedad. Este premio se instituyó en honor a las aportaciones de las investigaciones del Dr. Otero al campo de la investigación básica, clínica y epidemiológica.
El premio se concede anualmente en el Foro Estatal Interinstitucional de Investigación en Salud, junto con este premio se seleccionan los tres mejores trabajos de investigación en las aéreas de Investigación; Epidemiológica, Básica, clínica, Social, Educativa, Geriatría y Gerontología.

Dr. Miguel Otero y Arce


El Dr. Miguel Otero y Arce no fue potosino por nacimiento; nació en la Ciudad de México el 21 de abril de 1850; en esa Capital realizó todos sus estudios y obtuvo el título de médico el 25 de julio 1880.
Con el grado de Teniente Coronel fue comisionado a la guarnición de San Luis Potosí con el encargo de hacer un Hospital Militar fijo; en el año de 1882 se traslado a esta Ciudad y al año siguiente, 1883 figuró en el cuerpo docente de la Escuela de Medicina local como catedrático de fisiología en el 2° año y de higiene en el 4°; posteriormente se encargó de otras cátedras, entre ellas la de clínica y terapéutica infantil; por esto se considera el fundador de la Pediatría Potosina.
En un principio en una casa particular situada al poniente del Santuario de Guadalupe se adaptó un hospital temporal mientras se construía el definitivo; en 1884 se inició la construcción del Hospital Militar y se inauguró el 10 de noviembre de 1891; el edificio, aunque no su función aún subsiste.
El 21 de abril de 1893 inaugura la Casa de Salud para niños, proyectada desde 1890 para atención de la niñez enferma. Con esto se convierte en el fundador del primer Hospital Infantil que hubo en la República y uno de los primeros en Hispanoamérica.
Durante los años 1896 y 1897 publica los “Anales del Hospital Infantil de San Luis Potosí”, probablemente la primera revista especializada en Pediatría que existió en Hispanoamérica; también elaboró los estatutos y el proyecto para formar una sociedad científico-literaria en el Estado, organización que no se realizó pero que dio lugar a la formación en 1899 de la Sociedad Médica Potosina que tanto hizo por la medicina de San Luis.
Fue un destacado Cirujano y se considera pionero en el País en importantes contribuciones a la cirugía al ligar las arterias carótidas externa e interna y de los primeros en ligar la arteria humeral y la axilar entre otras acciones.
Por intervenir quirúrgicamente a varios niños en su hospital es considerado el primer cirujano Pediatra que existió en nuestro Estado.
En 1888 fundó en su Hospital Militar un laboratorio pasteuriano y en noviembre de ese año logró elaborar la vacuna antirrábica con sus propios medios e instrumental en San Luis Potosí; en 1885 Luis Pasteur había logrado elaborar dicha vacuna y aplicarla con éxito por primera vez en el mundo a un niño de la Alsacia.
El Dr. Otero tuvo la satisfacción de comprobar que su vacuna era idéntica a la elaborada por su maestro Eduardo Liceaga quien había ido a Paris y trajo a nuestro País la citada vacuna el 8 de marzo de 1888.
El niño que recibió dicha vacuna en esta Ciudad capital fue Refugio Galván, quien días antes había sido mordido por un perro rabioso.
Aunque el Dr. Otero no fue el primero en introducir la vacuna antirrábica a México le cabe el mérito de haber sido el primero en elaborarla con medios propios, el primero en aplicarla en el interior del País y el haber simplificado la técnica de su preparación. Esos trabajos los envió a Pasteur quien supo apreciarlos bien.
Publicó diversos artículos médicos; por su fecunda labor fue admitido en la Academia Nacional de Medicina en 1891, asistió a numerosos congresos y se considera que no existió campo de la medicina de esa época del cual Otero no se ocupara.
A fines de 1892 y buena parte de 1893 la Ciudad de San Luis Potosí fue azotada por una terrible epidemia de tifo, en esa época uno de los grandes azotes de la humanidad.
Atendiendo a un concurso convocado en 1906 por la Academia Nacional de Medicina, tras un formidable estudio notable por su método científico, en relación a esa enfermedad llegó a las siguientes conclusiones:
1.- El tifo no se transmite por el aire, por el agua ni por secreciones humanas; probablemente es transmitido por un insecto parásito. Desgraciadamente no pudo demostrar el papel que juega el piojo en la génesis de la enfermedad.
2.- El germen del tifo se encuentra en la sangre, hecho demostrado contundente e irrecusablemente al producir el tifo en una anciana cancerosa a la que inyectó sangre de un tifoso. Con este hecho fue el primero en el mundo en demostrarlo científicamente.
3.- El germen del tifo no era un bacilo o un coco, sino un tipo de hematozoario, el cual creyó ver en diversos frotis de sangre y que bautizó con el nombre de Hemameba Mexicaniz Petequialis.
En lo referente al tratamiento trató de elaborar suero anti tifoso en asnos, que aunque sin éxito señaló que este aspecto continuaba en estudio.
Sus trabajos le valieron disgustos y decepciones y acabó con su poco capital; en 1910 vendió su Hospital Infantil al obispo Montes de Oca y se trasladó a la Ciudad de México en donde se anunció por primera vez en el País como Cirujano Pediatra.
En el Hospital Juárez se dedicó de lleno a la bacteriología, prosiguió sus estudios sobre el tifo y siguió escribiendo y estudiando otros temas.
En 1910 Howard Taylor Ricketts había descrito el microbio del tifo y Charles Nicolle demostró que el piojo blanco era el vector.
A pesar de todo a fines de 1914 Miguel Otero fue nombrado jefe de la Campaña Nacional contra el Tifo y en ese año publicó un excelente trabajo sobre la Lepra e impugnó la teoría hereditaria que privaba en esa época.
El 8 de diciembre de 1915 Miguel Otero, al igual que Ricketts, fallece de tifo, contagiado al continuar con sus investigaciones sobre esta enfermedad.
En su tumba en el Panteón Francés de la Ciudad de México se colocó una sencilla lápida con la siguiente descripción “Amó a su prójimo más que a sí mismo”.
El nombre de Miguel Otero, señala Alberto Alcocer Andalón, está prácticamente olvidado, injustamente por la medicina. Mencionó el Dr. Alcocer, distinguido investigador potosino, fallecido desafortunadamente a edad temprana, que nuestra Facultad de Medicina y nuestra Universidad Autónoma de San Luis Potosí tienen contraído un compromiso con el hombre que tanto brillo y prestigio nos dio: Miguel Otero y Arce.
Por este motivo los integrantes del Comité Institucional de Investigación en Salud acogieron por unanimidad la propuesta de que la Presea al Mérito en la Investigación lleve el nombre de tan connotado científico, potosino por adopción, quien falleció en el cumplimiento de su deber.